EL CASO FINADIET CONFIRMO QUE LOS LABORATORIOS QUIEREN ELIMINAR LAS LEYES DE PROFESIONALIDAD PARA COIMEAR CON LAS MANOS LIBRES

El reciente procesamiento de cinco directivos del laboratorio nacional Finadiet por el pago de sobornos a tres médicos urólogos del PAMI, confirma la denuncia que los visitadores médicos venimos repitiendo desde tiempo: LOS LABORATORIOS QUIEREN ELIMINAR LAS LEYES DE PROFESIONALIDAD PARA TENER LAS MANOS LIBRES PARA COIMEAR.
La industria farmacéutica se niega a firmar paritarias desde hace alrededor de dos años porque pretende que a cambio de un aumento salarial la Asociación de Agentes de Propaganda Médica (AAPM) acepte la eliminación de las leyes de profesionalidad que enmarcan nuestra actividad.
No dicen públicamente el motivo por el cual insisten tanto en la eliminación de las leyes de profesionalidad. Pero, episodios como el reciente procesamiento de los cinco directivos de Finadiet y de los tres médicos, confirman el objetivo inconfesable: tener la libertad de ingresar a los consultorios con sus jefes y supervisores para coimear a los médicos.
Finadiet no es la excepción, por eso las cámaras industriales CILFA, Cooperala y CAEME han incurrido en un silencio que suena cómplice o condescendiente. Especialmente en el caso de CILFA que dice tener un Código de Etica que, evidentemente, su socio Finadiet incumplió.
En la mayoría de las provincias argentinas existen leyes que penalizan el pago de sobornos directos o a través de prebendas y regalos a los profesionales médicos.
Por ejemplo en la provincia de Buenos Aires existe la ley 10851, que se replica en la mayoría de las jurisdicciones provinciales, que taxativamente impone; ARTÍCULO 11: Queda absolutamente prohibido a los Agentes de Propaganda Médica:
  1. Realizar una información que supere, exceda o distorsione los aspectos puramente científicos y terapéuticos.
2. Intentar promover las especialidades medicinales mediante prácticas reñidas con la ética, tales como: ofrecer comisiones, prebendas, o algún tipo de compensación o estímulo.
3. Facilitar su carnet profesional a otras personas no habilitadas o encomendar tareas inherentes a su profesión a terceros.
Las leyes de profesionalidad protegen a los visitadores médicos del abuso de las patronales que sin ningún dique de contención podrían exigir “obediencia debida” para coimear a los médicos o despedirlos sin atenuantes.
La verdad desnuda que destapó el procesamiento de los cinco directivos de Finadiet no es novedosa tampoco en la justicia argentina. Es así que el Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción Número 27 de la Capital Federal en 2012 acusó al laboratorio multinacional Pfizer de practicar “una conducta delictiva” y de financiar “un oscuro sistema de coimas y sobornos a los médicos”.
La revista NOTICIAS, en una nota de investigación sobre “la obscena relación” de los médicos con los laboratorios, expuso en agosto de 2008 como la industria pagaba coimas a los profesionales que recetaban sus medicamentos.
Según documentación a la que accedió la revista Noticias, una profesional recetó en marzo de ese año 794 cajas de un producto dirigido a hematólogos. Y, curiosamente, en forma paralela, a través de una agencia de turismo, recibió del laboratorio un cheque de 4.500 pesos en concepto de “asesoramiento de campaña promocional”. 
“La empresa pudo comprobar su fidelidad. Dentro de una bolsa, ella juntó las cajitas de medicamentos solicitadas a sus pacientes con la excusa de controlar el tratamiento y las entregó, como prueba, a sus patrocinantes. Claro que el laboratorio se cubrió: le hizo firmar una especie de decálogo de ética en el que se sugiere que esta contribución lejos está de ser un incentivo” detallaba la revista NOTICIAS.
También en el Congreso Nacional, donde en dos oportunidades han sido cajoneados sendos proyectos de Código de Etica, los visitadores médicos denunciaron con nombre propio a varios laboratorios que coimeaban a los médicos y financiaban a “importantes sociedades científicas para que recomendaran sus productos. Una práctica que sigue vigente, incluso ahora también cooptando a asociaciones de pacientes.
Página 12 en su edición del primero de octubre de 2006 publicaba bajo el título “Peor el remedio” que la AAPM había denunciado en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados:
Coimas, prebendas e irregularidades graves” denunció la Asociación de Agentes de Propaganda Médica “como prácticas recurrentes de la industria farmacéutica”. La presentación de los visitadores médicos, efectuada ante el Congreso de la Nación, incluye nombres de laboratorios y de conocidos doctores vinculados con ellos: “Contratan médicos líderes para promocionar nuevas drogas mediante notas seudocientíficas”. También para los médicos comunes habría “contribuciones” (coimas), a veces bajo pretexto de supuestos estudios científicos, y “últimamente se hacen cosas mucho más guarangas” –señaló a este diario un directivo de los agentes de propaganda médica–: las guarangadas incluirían la participación en concursos, donde cada prescripción de determinado remedio aumenta las probabilidades de ganar un auto; también “raspaditas” y entrega directa de dinero.  La AAPM en aquella ocasión también denunció que algunas multinacionales habían “tercerizado” la promoción de sus nuevos medicamentos para eludir los códigos de ética de sus casas matrices, aplicables en los países de origen pero no en la periferia, como desnudó el escándalo de Glaxo que sacudió a China en 2014 cuando la justicia de ese país le impuso una multa de 380 millones de dólares y condenó a tres años de cárcel a cinco de sus directivos, por organizar “una red gigantesca de sobornos en hospitales y centros médicos”. La central en Londres, obviamente, se lavó las manos.
José Charreau, secretario de acción social de la AAPM, durante su exposición en la Comisión de Salud, mencionó como ejemplo como la multinacional Pfizer había tercerizado en el laboratorio nacional Gobbi Novag de Wilde la promoción de su oncológico Sutent. Charreau también mencionó en un extremo grotesco como el laboratorio nacional Casasco entregaba a los médicos unas tarjetitas para una “raspadita con premios” y el laboratorio Syncro sorteaba un automóvil entre cien números que repartía entre los médicos. Por cada tratamiento prescripto el médico recibía un número y a cuantos más números más posibilidades de ganar.
Los visitadores médicos denunciaron ante la comisión legislativa que “importantes sociedades científicas” participan de “notas seudocientíficas en medios de difusión” que en realidad son “publicidad paga para la que se contratan médicos líderes de opinión con el único objetivo de promocionar nuevas drogas de alto costo”.
Esta modalidad corrupta no solo se practica con los medicamentos, sino también con las prótesis traumatológicas y ya en aquella exposición ante los diputados, Charreau aseguraba que “no hay una sola prótesis que se coloque en la Argentina sin que el médico reciba el vuelto”.


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