4 años después de la revolución contra la hepatitis C, ¿cuánto cuestan los nuevos fármacos?

Países con rentas muy distintas pagan precios similares por acceder a los nuevos medicamentos, mientras los estados siguen jugando al secretismo que imponen las farmacéuticas.
Investigación y datos: EVA BELMONTE Datos: MARÍA ÁLVAREZ DEL VAYO Datos: JAVIER DE VEGA Visualizaciones: RAÚL DÍAZ POBLETE
Periodistas de varios países han colaborado en este reportaje: René Ammann (Suiza), Petra Piitulainen (Finlandia) y Goran Lefkov (Macedonia).


En noviembre de 2014, el Gobierno francés anunciaba orgulloso que habían conseguido “el precio más bajo de Europa” para la compra del Sovaldi, el sofosbuvir de Gilead, un mejorado tratamiento para curar la hepatitis C: a 13.667 euros por caja de 28 comprimidos. Lo cierto es que en esa época el medicamento aún se estaba introduciendo en Europa y muchos países no habían cerrado negociaciones, así que la afirmación les salía barata. Pero esa verdad, si lo era, duró bien poco. Menos de dos meses después, administraciones públicas españolas ya estaban comprando la misma caja por casi la mitad: 7.862,5 euros. Y las negociaciones vendrían de mucho antes. Aunque el Gobierno no quisiera dar la cifra, era exactamente esa.

En España, el Ejecutivo siempre ha ocultado a qué acuerdo llegó con el laboratorio. No es el único: la confidencialidad es norma general en este tipo de negociaciones. Cuando la Cadena Ser afeó al gobierno español su falta de transparencia en contraste con la publicidad francesa, el entonces ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, aseguró que en España el coste de un tratamiento era de 43.500 euros combinado con otro antirretroviral. Sin detalles. Y, además, añadió que el precio real que paga Francia no es público: acusó al país vecino de dar una información falsa.


La cifra que dio Alonso por entonces no ayudaba a saber qué se paga en realidad. ¿43.500 por tratamiento de cuántas semanas, combinado con qué, a cuánto va la caja de cada medicamento? Pero la opacidad, a veces, se choca con la dispersión de la contratación pública. La variedad de organismos de compra (organismos estatales, comunidades autónomas, plataformas sanitarias dentro de esas mismas comunidades autónomas…) ayuda a saber qué están pagando algunos de ellos. O, dicho de otro modo, no hay comunicación oficial a nivel estatal, pero algunos organismos están siendo más transparentes y, por convicción o por despiste, publican en sus documentos de contratación el precio de adjudicación por caja. Y ese precio es, en todos los organismos consultados, siempre el mismo. La disparidad de criterios en la contratación pública permitió que, en 2015, pudiéramos publicar por primera vez, más allá de especulaciones, cuánto se estaba pagando por el Sovaldi. Y ese precio, a principios de 2017 -los últimos contratos son de febrero y marzo- sigue siendo el mismo: 7862,5 euros por paquete o, lo que es lo mismo, casi 23.600 euros por un tratamiento de 12 semanas, el básico -aunque muchos pacientes necesitan mas dosis para recuperarse del todo. Y, como apuntaba el ministro, se toma en combinación con otros fármacos.


La celebrada transparencia francesa se acaba de desinflar. En abril de este mismo año, Francia anunció que había conseguido rebajar el precio y pagaba menos de 28.700 euros por los tratamientos de 12 semanas de Sovaldi y de Harvoni, la combinación del sofosbuvir con ledipasvir, un fármaco posterior que mezcla en una sola pastilla dos principios activos. Así, pasó de dar un precio concreto por caja a decir que el tratamiento con alguno de esos dos fármacos, con precios bien distintos entre ellos, está debajo de esa cifra. El número exacto se omitió en esta ocasión.
La historia de España y Francia, el orgullo francés a la hora de alabar su capacidad negociadora e incluso las acusaciones de mentir son un ejemplo de cómo se está tratando este asunto desde los distintos gobiernos desde que llegó la revolución en el tratamiento para la hepatitis C. Con mejores medicinas, y mucho más caras. Ante las negociaciones con el laboratorio, la tónica general es la opacidad impuesta por las farmacéuticas -en la mayoría de países se oculta el precio que están pagando- y, en paralelo, anuncios y notas de prensa en los que se alardea de lo bien que se ha negociado. Es fácil presumir de tener la mejor mano si todos ocultan sus cartas. Y si el precio de partida de la negociación son los mil dólares por pastilla por los que se empezó comercializando en Estados Unidos, cualquier rebaja parece enorme. A partir de ahí, los porcentajes de descuento que se anuncian a bombo y platillo son muy elevados, aunque al final el precio a pagar siga siendo altísimo, aún con los descuentos.
Italia admite sin reservas (por ejemplo, aquí), que el acuerdo con Gilead es confidencial. Pero los medios hablan de que las cifras iban de los 40.000 a los 4.000 euros por tratamiento, más barato en cuanto más pacientes trataban. En Alemania, sin precio oficial tampoco, Spiegel publicó en 2015 que el gobierno germano lo compraba por 14.500 euros la caja, 488 por pastilla, 43.500 por tratamiento básico.
Las farmacéuticas dicen que adaptan sus precios a la riqueza de cada país, pero no siempre es así.
Como en todas las negociaciones de este tipo, las farmacéuticas aseguran que adaptan sus precios a la riqueza de cada país. Pero no dan cifras. Y la realidad es que no siempre es así. Como descubrimos en Medicamentalia, países con rentas más bajas pagan precios mas altos por sus vacunas que otros con rentas más altas. Y lo mismo pasa con los tratamientos para la hepatitis C. En la negociación influyen otros aspectos como el volumen de compra o el hecho de que los gobiernos, sin saber qué pasa a su alrededor por culpa de la opacidad, negocian a ciegas.
En el caso del Sovaldi, Gilead ha rebajado sus precios hasta los 900 dólares por tratamiento en algunos de los países más pobres. Ucrania, por ejemplo, paga 210 euros por caja gracias a un acuerdo y a la compra a través de organismos internacionales. Pero, en los de rentas medias y altas, pese a las diferencias abismales entre ellos, las cifran no cuadran.


Más allá de los casi 8.000 euros en España, la mayoría de países analizados, por muy diferentes que sean sus economías, pagan alrededor de 40.000 euros por tratamiento básico. Esa cifra vale para Suiza y Australia y Portugal, pero también para Portugal o la República Checa. Polonia paga bastante más y supera los 44.000 euros.
Tras la revolución del Sovaldi y los beneficios económicos asociados, otros laboratorios han desarrollado fármacos avanzados para el tratamiento de la hepatitis C; y la competencia crece. La propia Gilead comercializa Harvoni, una combinación de sofosbuvir y ledipasvir que permite tratar determinados casos con una sola pastilla y sin combinar diferentes fármacos.



Esta nueva medicación se está incluyendo ya en los planes sanitarios de varios países. De nuevo, y con un precio de venta superior al Sovaldi, las cifras se disparan. Y siguen sin cuadrar en muchos casos. Portugal, que paga más de 40.000 euros por tratamiento básico, supera a Australia. Y la República Checa les rebasa a ambos, con casi 48.500 euros. Reino Unido se supera los 50.000. En España, aunque el Gobierno intenta ocultar la cifra oficial, el Harvoni se está comprando en varias comunidades autónomas a unos 10.000 euros por caja, unos 30.000 por tratamiento elemental. Y Suiza acaba de conseguir una rebaja a unos 25.600 euros el paquete.
Los precios en Europa son distintos según el país pero tienen una cosa en común: han puesto en jaque los presupuestos sanitarios de todos aquellos que han decidido incluir estos tratamientos en sus servicios públicos. En 2014, la Comisión Europea aprobó un acuerdo para la compra conjunta de vacunas y medicamentos para conseguir mejores precios y garantizar el abastecimiento. Nunca se ha usado.

Veto al acceso y alternativas

La primera consecuencia de estos elevados precios es que algunos países ni siquiera incluyen estos tratamientos en sus sistemas públicos, como es el caso de Macedonia, donde la medicina no está registrada, o, quienes sí lo incluyen, ponen límites a su uso: solo tratan a los pacientes más graves. Así pasa, por ejemplo, en Finlandia. En 2015, el país gastó en sofosbuvir más de dos millones de euros.
El Ministerio Sanidad español acordó con las comunidades autónomas, en junio, ampliar el tratamiento para cubrir a todos los enfermos. Hasta entonces, en la mayoría de regiones se trataba solo a los pacientes más graves. La misma decisión acaba de tomar el gobierno suizo
Quienes no estén incluidos en las condiciones que impone cada gobierno para contener el gasto (aquí, por ejemplo, las de Italia) no tienen otro remedio que esperar. O buscar vías alternativas.


En farmacias, los precios se disparan. Y las leyes del mercado no atienden al PIB. Italia, con un precio por tratamiento de más de 74.000 euros, supera a Dinamarca, Finlandia y Noruega, por ejemplo. El precio en España para quien lo adquiera, por ejemplo, con receta de sanidad privada, es de unos 44.000 euros.
Algunos optan por viajar a países en los que el tratamiento es más barato. Así pasa en los clubs de compra creados, por ejemplo, en Australia, para adquirir las pastillas en India, donde se permite la fabricación de genéricos mucho más asequibles.

Turismo sanitario

Otra opción es combinar unos días de visita a las pirámides, hotel cinco estrellas y tratamiento. Con el visto bueno de Messi. Egipto, país con más afectados por hepatitis C del mundo, cuenta con un precio menor por estos tratamientos, gracias a acuerdos con Gilead y al uso de genéricos.

Leo Messi patrocina un tour con tratamiento de hepatitis C | Tour n’ Cure

Dos laboratorios del país han aprovechado la burbuja en los precios occidentales para ofrecer lo que llaman Tour’n Cure, un viaje al país que incluye diagnóstico y los primeros días de tratamiento. El resto de las pastillas, en un paquetito, vuelven contigo a casa, junto a los botes de arena del desierto y los souvenirs con forma de pirámide. Además de ofrecer viajes curativos a quienes puedan permitírselo, la organización combina el lucro con una pátina de organización social: un tratamiento gratuito por cada mil seguidores de su causa, según anuncia en su página web, avalada por figuras del deporte como Leo Messi o Dani Alves.
La versión española de este mismo paquete la ofrece Sanantur, una agencia de viajes que cobra un mínimo de 5.419 euros por vacaciones de cinco días y tratamiento completo. La misma agencia te puede llevar a Estambul a hacerte un trasplante capilar.
Egipto, de hecho, fue uno de los primeros países en llegar a un acuerdo con Gilead para fabricar sus propios tratamientos genéricos. En la India, la compañía también firmó pactos de licencia voluntaria con 11 farmacéuticas que les da permiso para desarrollar y producir sofosbuvir y otros derivados a cambio de un 7% de los beneficios finales. Pero el documento viene con letra pequeña: los laboratorios firmantes pueden exportar su versión low cost a 101 países listados en las condiciones (15 de ellos son pequeños estados insulares), pero el resto quedan fuera. Países como Brasil, China, México, Turquía, Tailandia o Marruecos han sido vetados de la lista de posibles receptores del genérico indio.




Según la OMS, 71 millones de personas tienen hepatitis en todo el mundo, y un número importante de ellos desarrollará cirrosis o cáncer de hígado si no se cura a tiempo. Alrededor de 399.000 personas mueren al año por esta enfermedad.
De los afectados, el 85% está en países de ingresos bajos (73%) y medios (12%). Pese a eso, los esfuerzos en I+D se han focalizado en los genotipos del virus que predominan en los países de ingresos altos, como denuncia la organización DNDi (Drugs for Neglected Diseases initiative), que ha puesto en marcha un proyecto para combinar distintos fármacos y crear un tratamiento oral, seguro y accesible que valga para todos los genotipos.
Farmanginhos, el laboratorio público de Brasil, se ha posicionado en contra de la patente del Sovaldi. También lo ha hecho la ANVISA, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, y el gobierno brasileño. A la espera de que la agencia de patentes decida, desde el laboratorio adelantan que, si la patente se niega, Farmanginhos podría producir su propio fármaco en colaboración con un consorcio de empresas del país. No es la primera vez que Brasil se enfrenta al sistema de patentes en situaciones en las que tratar a todos los afectados con un nuevo fármaco ponía a temblar el presupuesto público en salud del país. Lo hizo en 2007 con un antirretroviral, el efavirenz, cuando aprobó una licencia obligatoria que permitió esquivar la patente y fabricar su propio fármaco. Y no le salió mal.

Nota metodológica La gran mayoría de los países oculta los precios a los que compran estas medicinas para preservar la confidencialidad de las negociaciones. Aun así, hemos conseguido obtener datos oficiales de algunos de ellos. Para obtener los precios que están pagando los distintos gobiernos por el Sovaldi y el Harvoni hemos usado, siempre que era posible, páginas de contratación pública con compras efectuadas. Esta es la fuente más fiable y es la que aplica en España y Portugal. En otros casos, usamos el precio que pagan los estados vía reembolso o las notas de prensa oficiales, unas cifras menos fiables puesto que los laboratorios pueden ofertar descuentos por volumen a la hora de realizar el pago definitivo. Solo utilizamos este sistema si sabemos el precio de fábrica, sin tener en cuenta gastos de comercialización ni impuestos. Es el caso de Suiza, República Checa, Ontario (Canadá), Polonia, Australia, Reino Unido y Ucrania. Para los datos de venta en farmacia usamos páginas oficiales y el precio final de venta, esto es, lo que cuesta a un consumidor. Para calcular el precio por tratamiento básico, de tres semanas, hemos multiplicado cuando era necesario el precio de la caja de 28 comprimidos por tres. Más detalles, en la metodología completa.


Artículo enviado por Federico Tobar


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